PETICIÓN DE GRACIAS
San Pío de Pietrelcina, te pedimos nos enseñes la humildad de corazón, para ser
considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió
revelar los misterios de su Reino.
Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás con la certeza de que Dios conoce lo
que necesitamos antes de que se lo pidamos.
Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres
y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.
Protégenos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que
experimentemos la alegría del sacramento del perdón.
Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.
Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde
esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Bilocación
LA BILOCACIÓN
Un don místico que Padre Pío recibió del Señor para poder comunicarse con sus fieles es el don de la ubicuidad o bilocación. El Padre podía estar presente en dos lugares contemporáneamente. Cuando Padre Pío quería hablar con alguien o quería avisarle para que no cometiera un pecado, se le aparecía en carne y hueso.
En ese momento Padre Pío quedaba silencioso en el lugar donde se encontraba, mientras su alma y su cuerpo alcanzaban a la persona con la que quería hablar. Muchas de las personas que fueron testigos en primera persona del fenómeno de bilocación, en realidad se dieron cuenta hasta después, cuando descubrieron que el Fraile con el que habían conversado, estaba en otro lugar, a veces distante miles de kilómetros al mismo tiempo. Pero todos podían afirmar que Padre Pío estaba frente a ellos físicamente. Algunas personas ni siquiera lo conocían y sólo después, mediante una foto o una imagen descubrieron de quien se trataba. "Para mí no hay distancias" ... decía.

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