Consigna tajante de Pío XII El 2 de marzo de 1939, Monseñor Eugenio Pacelli es elegido Papa con el nombre de Pío XII. Luego la guerra se adueña de Europa. Entonces Pío XII muestra una actitud constante de firmeza, de valor y de oración. Él, en Roma, y el Padre
Pío en San Giovanni Rotondo, ofrecen en esos años, tan
dolorosos para el mundo, una imagen constantemente
paralela y misteriosamente unísona. El Padre Pío revivirá,
allá en la distancia, todos los sufrimientos, ofrendas y
oraciones de S.S. Pío XII, principalmente por causa de los
desastres bélicos, y en el preciso momento de la invasión
alemana de la Ciudad Eterna, en 1943, nuestro capuchino,
sin conocer esa noticia, caerá enfermo con fiebre muy alta
que le obligará a guardar cama. Pío XII no conocía
personalmente al Padre Pío; sin embargo, fue un gran
defensor suyo siempre que pudo, ya cuando era
simplemente cardenal. No perdía ocasión para expresar lo
que sentía desde muy adentro, muy seguro en ello como si
hubiera recibido una revelación profunda. La primera
consigna que dio a toda la Curia Romana una vez fue
elegido, fue:
–Que se deje en paz al Padre Pío.
Y cuando alguien manifestaba deseos de visitar San
Giovanni Rotondo, le hacía el siguiente ruego:
–El Padre Pío es un gran santo. Por favor, pídale que rece
por mí para que Dios me dé fuerzas para llevar tan pesada
carga.
Santo padre Pío, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos e intercede ante el Padre misericordioso por los que sufren. Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo; sostiene a quienes han perdido toda esperanza de curación; consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores; protege a quienes no pueden atenderse o medicarse por falta de recursos materiales o ignorancia; alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar; alivia a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa; acompaña a quienes pasan las noches insomnes; visita a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos; alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan; toca los miembros y músculos que han perdido movilidad; ilumina a quienes ven tambalear su fe y se sienten atacados por dudas que los atormentan; apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran; calma a quienes se estremecen por dolores y calambres; concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan; devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia; disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos; vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento; guía a los moribundos al gozo eterno; conduce a los que más lo necesitan al encuentro con Dios; y bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor, los consuelan en su angustia y los protegen con caridad. Amén.
Cuando os veáis despreciados, haced como el martín pescador que construye su nido en los mástiles de las naves; es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba